Gobelino: del palacio al salón de casa, o a tu armario.

Puede que lo hayas visto en una butaca antigua, en un bolso o en esa chaqueta que parece hecha con la tapicería de un salón francés. El gobelino se mueve entre la decoración y la moda con bastante soltura. Y aunque solemos asociarlo a interiores clásicos, tiene más posibilidades de las que su fama de tejido de época deja entrever.

Eso sí, conviene elegir dónde ponerlo. Tiene dibujo, textura y bastante presencia. Precisamente por eso nos encanta!!

Un apellido que acabó dando nombre al tejido

Los Gobelin eran una familia de tintoreros que se estableció en París en el siglo XV y se hizo famosa por sus rojos escarlata. Sus talleres se acabaron llamando: Manufactura de los Gobelinos. Allí se elaboraban tapices para las residencias y palacios. Decoraban, por supuesto, pero sobre todo servían para demostrar riqueza y poder.

Hoy utilizamos el término gobelino también para telas decorativas que recuerdan a aquellos tapices. Compartir el nombre no significa que salgan de la histórica manufactura francesa, pero sí que mantienen una relación con esa estética.

Cómo se fabrica

En el gobelino, el dibujo se forma durante el tejido. Los hilos longitudinales —la urdimbre— se cruzan con los transversales —la trama—, combinando colores para construir los motivos.

Las versiones actuales suelen realizarse en telares con sistema Jacquard, que permite controlar esos cruces y reproducir diseños.

Ese trabajo explica buena parte de su atractivo: los distintos hilos aportan matices y una textura que se aprecia tanto a la vista como al tacto.

Cómo llegó a las casas de a pie

Durante el siglo XIX, la industrialización y el desarrollo del sistema Jacquard permitieron fabricar tejidos elaborados con mayor rapidez y a menor coste. La estética de los tapices empezó a estar al alcance de un público más amplio.

Del salón al armario

La moda y la decoración llevan siglos compartiendo tejidos y estampados. Flores, rayas, cuadros… los motivos circulan entre ambas y se adaptan a cada uso. Con el gobelino ocurre algo parecido.

Aunque conviene hacer una distinción: compartir una estética no implica utilizar exactamente la misma tela. El peso, la rigidez y la caída condicionan lo que se puede confeccionar. Sin embargo, aplicando los métodos correctos se puede lograr este acabado y que sea súper confortable.

Lo interesante es cómo cambia nuestra percepción. Un dibujo que en un sofá parece muy tradicional puede resultar mucho más desenfadado en una chaqueta con vaqueros. En decoración también podemos jugar con ese cambio de contexto.

¿Cómo lo pondríamos en casa?

A nosotros nos gusta especialmente en una pieza concreta: una butaca, un banco o unos cojines. Así se aprecia el dibujo y resulta más sencillo combinarlo con lo que ya tenemos.

Una opción fácil es recuperar alguno de sus colores en un tejido liso. Si aparecen verdes, tejas o azules, podemos llevar uno de esos tonos a un lino o un terciopelo. 

En Lantero & Lantero podemos enseñarte distintas opciones y probar combinaciones contigo. Si tienes una butaca pendiente de retapizar, puede ser un buen sitio por el que empezar!!!!